LA HISTORIA DE LUIS- MIGUEL (ZARAGOZA)

Julio 2.012

…..

Aprovechando las excursiones que íbamos a hacer a Isla Saona y a Isla Catalina, nos coordinamos con Pepe el lanchero y con Jenny para poder entregar en mano las donaciones que llevamos  desde España.

Llevábamos:

10 kilos de libros que nos dio Peluquero de los que tienen para repartir en elvalordeuneuro.
Ropa para niña de 3 años ( del año pasado de nuestra hija )
Material escolar vario: Pinturas, lápices, bolis, plastilina, pegatinas
Juguetes, peluches, globos…
Y todo lo que pudimos llevar de la habitación del hotel: Un montón de geles, botellas de refrescos del mueblebar…
Al final llenamos una maleta entera que pesaba más de 30 kilos.
Les contamos a unos amigos de Zaragoza que coincidían con nosotros en el viaje lo que íbamos a hacer, y se apuntaron al carro. También trajeron un montón de cosas: muñecas, material escolar…

La primera parada que hicimos fue en la excursión a Isla Saona. En la oficina de Pepe el lanchero dejamos todos los libros de texto que nos dio Peluquero. Como en estas fechas no están abiertas las escuelas, lo guardan allí hasta que puedan llevarlos. Estando con Pepe le pregunté por la familia de Mano Juan que iba a recibir la ropa y alguna cosilla más. Cuando Sara (BIGBITE en los foros) que es la mujer de Pepe, supo que llevábamos ropa de niña, indagó y se localizó una familia en Mano Juan a la que le irían bien estas cosas.

Así que después de disfrutar de la isla Saona, con una playa y un snorkel alucinante, fuimos a Mano Juan, allí conocimos a Negro, el señor creador y encargado de mantener un santuario de tortugas en el mismo pueblo. Él fue quien nos presentó a la familia a la que llevamos las donaciones. Aparecieron por allí niños de distintas edades con su madre, y les dimos las cosas. ¡Que caritas tenían! Entre alucinados, contentos, tímidos…

Nos agradecieron todo lo que les dimos pero os aseguro que nosotros ganamos mucho más que ellos. Vivir la experiencia de dar algo que para nosotros no es nada, y que a ellos les puede ayudar tanto… El darte cuenta que con poco puedes ser feliz… en fin. Eso no se puede comparar con nada parecido.

 

La segunda vez que fuimos a llevar ayuda fue en la excursión a Isla Catalina. Nuevamente la hicimos con Pepe. Después de pasar con él toda la mañana, Jenny nos acompañó a conocer Higüey, que es su lugar de residencia.

Comimos con ella y con Pedro, un compañero de Jenny que nos acompañó todo el día. Aquel día fue muy especial, pero para mí lo fue especialmente, ya que era mi cumpleaños. Jenny tuvo el detalle de sorprendernos a todos con una tarta de cumpleaños en mi honor. Me hizo muchísima ilusión. Gracias de nuevo Jenny!!

Después de comer nos dimos un paseo por Higüey y un rato después Jenny nos contó lo que pensaba hacer con las donaciones. Su plan era llevarnos a una de las zonas más pobre de Higüey, habitada mayoritariamente por haitianos, sin avisar, ni preparar nada de ante mano. Recorrer con el taxi sus calles de tierra y cuando viésemos una zona en la que hubiese niños de la edad de la ropa que llevábamos, pararíamos y repartiríamos las cosas; y allí que fuimos.

La verdad es que viven en una pobreza extrema, cualquier sitio hubiese sido bueno para parar. Cuando llevábamos cinco minutos vimos una zona con bastantes niños y paramos allí.
Los lugareños nos miraban bajar del taxi con curiosidad. Por allí no van turistas y les debió chocar que parásemos.
Bajamos y empezamos a sacar las maletas con las cosas. En cuanto vieron que les íbamos a dar cosas se formó un buen corrillo alrededor nuestro formado por niños y niñas de entre 4 y 12 años.

Mis ganas de empezar a repartir las donaciones y mi falta de experiencia en estos temas me hicieron cometer el error de abrir una de las bolsas y dejar que cogiesen lo que quisieran. En seguida me di cuenta de mi torpeza. Los niños se abalanzaron encima de la bolsa y empezaron a coger lo que podían. Fue un momento de tensión porque veíamos que se nos podía ir aquello de las manos.

Menos mal que estaba Jenny y puso orden. Con voz firme dijo que se hacía en calma y de forma ordenada o recogíamos y nos íbamos por donde habíamos venido. Varias personas mayores de allí se dieron cuenta de lo que pasaba y también calmaron a los chiquillos.

Más tranquilos fuimos nosotros dando la ropa, los juguetes y todo lo que llevábamos poco a poco e intentando repartirlo de forma justa, para llegar al mayor número de niños y familias. Yo por mi parte me apartaba e iba un poco más lejos del taxi donde había grupos de niños que parecían tener miedo de acercarse a nosotros y les llevé alguna cosilla.

Estuvimos menos de media hora allí, pero se hacía tarde y Jenny nos dijo que no había ningún peligro por estar allí, pero que prefería no estar con un grupo de turistas en aquella zona de noche.

 

Los dos días en los que repartimos la ayuda fueron especiales y muy emocionantes. Lo    piensas pasados unos días  y, por un lado te da pena no haber llevado más cosas… También piensas que con lo que les das no le vas a solucionar la vida a nadie, pero bueno… Con arrancar alguna sonrisa, que una niña que antes no tenía ningún juguete ahora tenga una muñeca, o dar algo de ropa que puedan compartir entre 3, 4 ó 5 hermanos… que un chaval se pueda dar el gustazo de beberse una cocacola… Todas esas pequeñas cosas a ellos les alegrará el día, pero os aseguro que a nosotros nos llenó no por un día, sino por muchos, muchos días.

Me gustó mucho poder compartir esta experiencia con Valeria, nuestra hija de cuatro años. Me gustaría que se le quedase algo de todo esto. Yo no dejo de contarle lo contenta que se puso una niña de su edad en Higüey a la que, de todo lo que repartimos, solo le llegó una pegatina roja y aún así se la veía super feliz enseñándole la pegatina a su madre. Ojalá Valeria entienda algún día la moraleja de la situación.

También te queda la satisfacción de que lo que tu donas, lo recibe la gente que lo necesita; Se lo estás dando tu directamente. Tienes la seguridad de que no se pierde nada por el camino, y no van a sacar tajada terceras partes interesadas únicamente en llenarse los bolsillos.

 

Solo me queda agradecer a todos los que nos ayudaron a dirigir nuestras donaciones en el sentido correcto, a Sara y Pepe, los que me abrieron las puertas a este sistema de ayuda directa, sin organizaciones intermedias. Gracias por vuestros consejos.

A Peluquero y Marina de el valor de un euro  (www.elvalordeuneuro.es), gracias por vuestras ideas, lo de vaciar el mueble bar del hotel a diario nunca se me hubiese ocurrido. Y por la labor que estáis haciendo informando a turistas como nosotros, que tenemos buenas intenciones pero que normalmente vamos más perdidos que un pulpo en un garaje. Peluquero, los libros quedaron a buen recaudo, gracias por acercarte al aeropuerto a traerlos!

Y gracias a Jenny. Por tu cariño, tu humanidad. POR LA TARTA de cumpleaños más especial que he tenido nunca! Por coordinar todo el lío de maletas, hoteles, taxis…
Gracias por todo Jenny, no te olvidaremos!

Gracias a todos por ayudarnos a vivir esta experiencia tan increíblemente enriquecedora. Gracias ... y hasta siempre!!

 Inma, David, Mónica, Valeria y Luis Miguel!

Fotos: